Esfuerzo en la Gracia

2 Timoteo 2:1,5

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La segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo fue una de exhortación. Según el contexto histórico, Pablo estaba encarcelado y sabía que estaba a punto de ser ejecutado por las autoridades romanas. Para ese tiempo, Nerón era el emperador romano y se le considera como uno de los emperadores más crueles. Era el responsable de muchas muertes de creyentes.

 Al Pablo saber que la iglesia estaba siendo perseguida y que Timoteo se sentía con mucha presión, le hace esta carta para animarlo. 

Timoteo era un joven discípulo de Pablo que se crio en el evangelio. El mismo siguió sirviéndole al Señor luego de Pablo. En esta carta Pablo le pasa la batuta a Timoteo, pero estaba preocupado por su estado espiritual y por eso le escribió.

Aquí es donde comienza la exhortación: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (v.1). 

Pablo le dice a Timoteo que se vaya por encima de su tendencia al desánimo y que trabaje por encima de su debilidad. Una de las cosas que caracteriza a un hombre de Dios es su esfuerzo.

 El cristiano pasa por debilidades y persecuciones (extremas o de burlas), pero al igual que Pablo le exhorta a Timoteo que recuerde que su vida y ministerio lo sostiene la gracia de Dios, y al saber que la gracia de Dios está en nuestra vida y que nos cubre podemos hacer las cosas sin peso alguno, y eso fue lo que Pablo le quiso decir a su hijo en la fe para que siguiera trabajando para el reino de Dios y hacer discípulos (v.2).  

Pablo usa metáforas para poder comunicarle a Timoteo lo que le quería decir: la del soldado (v.3-4) y la del agricultor (v.6). Pero me enfatizaré en la que más conozco y la que he experimentado durante casi toda mi vida. El esfuerzo del atleta:

“Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.” (v.5)

Ya que la sociedad griega estaba asociada con los juegos y deportes (1 Co. 9:24-26), Pablo usa al luchador como ejemplo de esfuerzo. El atleta para evitar ser descalificado tiene que luchar bajo el criterio o reglamento. 

Para eso tiene que entrenar duro y tener una vida disciplinada. El luchador hace largas horas de entrenamiento para poder luchar y ejecutar sus técnicas a la perfección y cuando sea necesario. También una dieta estricta para poder luchar en el peso que le corresponde y en muchos casos correr casi todos los días para mantenerse en peso. 

Para ser coronado, tiene que luchar de verdad (legítimamente), con honor y esfuerzo. 

En mi caso, como atleta de lucha, durante la temporada, me levantaba en las madrugadas a entrenar físico y ese mismo día en la tarde iba al colchón de lucha para entrenar de nuevo. Tenía que seguir las instrucciones de mi entrenador y abstenerme de salidas, desvelos y ciertas comidas para poder estar listo y obtener la medalla en la competencia.

 Eso mismo es lo que el cristiano debe hacer para poder luchar de manera legítima en este mundo. Estamos en una batalla constante donde Satanás, nuestra vieja criatura y el mundo nos tira con todo lo que tiene, y nosotros tenemos que prepararnos para enfrentarnos a las mismas. Recordando que la gracia de nuestro Salvador nos sostiene y que Él está con nosotros. 

Es por eso que Pablo le dice: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio…” (v.8). El esfuerzo y la dedicación a la obra de Dios tiene que ser motivada por la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo para que en medio de lo que hagamos Él sea glorificado.

¡LUCHEMOS COMO PARA EL SEÑOR!

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