Hermano… ¡Disfrutase las Olimpiadas!


“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”
‭‭- 1 Corintios‬ ‭9:24-27‬ ‭RVR1960‬‬

Como ya sabemos, los Juegos Olímpicos Rio 2016 ya comenzaron. Cada atleta va con el orgullo de representar a su nación en sus respectivas disciplinas deportivas. Además, por lo que he visto en las redes de los atletas, comparten entre sí sin importar de donde vengan. 

Es un evento donde se habla solo un idioma, este es deporte o juego. El sueño de todo atleta dedicado es llegar a ese evento tan grande y competir. Y es de cada cuatro años. Dejando saber eso, es un evento único y que no es fácil clasificar. Es un privilegio. 

Pero, ¿como los cristianos debemos ver las olimpiadas?  

A principios de este artículo, vemos el pasaje donde el apóstol Pablo menciona los juegos que eran de suma importancia para la cultura griega, los deportes olímpicos. Era parte de la cultura y en especial en Corinto. 

La carta a los Corintios es una carta de amonestación, por ende, Pablo usa al atleta de ejemplo para mostrar como se debe vivir la vida cristiana ya que ellos tenia problemas con la misma. 

Un atleta se desliga de muchas cosas. Podemos mencionar algunas, como la vida social y familiar, vicios, fiestas hasta tarde en la noche, entre otras. Todo esto para poder estar en la mejor condición y desempeño en cada competencia que va. 

Pablo menciona las disciplinas como pista y campo, lucha y boxeo (los primeros deportes olímpicos). ¿Qué podemos aprender de ellos en si? 

Determinación (v.24)

Cuando se compite, todo atleta va con un solo objetivo, llegar a lo más alto del podio. Tener esa presea dorada colgándole en el cuello como muestra de todos los contrincantes que tuvo que enfrentar para obtenerlas. 

Hay que correr más fuerte para vencer el tiempo de los demás en la pista. El boxeador tiene tirar y conectar todos los puños posibles y evitar que te den o lucir mejor que el otro. El luchador tiene que ganarle a todos los de su pareo, y muchas veces es un pareo difícil (mi coach y yo le decimos a ese pareo “el bracket de la muerte”) para poder treparse al podio. 

Esto nos enseña a nosotros los cristianos a tener esa misma determinación de luchar por Cristo en nuestra vida en contra de nuestros contrincantes (el mundo, el pecado, Satanás y las tribulaciones). Teniendo en cuenta que nuestro galardón será mejor que todo premio terrenal al vencer estas. 

Abstinencia y Testimonio (v.25-27)

Todo atleta se abstiene a lo que dije anteriormente. Pero son tentados en ocaciones, y eso trae repercusiones si caen. Pueden tener un desempeño pobre y vergonzoso. Algo que los puede llevar a que sean criticados o que los oponentes los dominen. 

El luchador y el boxeador, tienen que cumplir con una dieta rígida para poder competir en la categoría que le toque. A veces nos cuesta no comer lo que nos gusta y comer lo mas limpio posible. Aveces hasta nos deshidratamos para llegar al peso corriendo con sudaderos, “hoodies” y fajas durante 30-45 minutos. Mas luchar o pelear por un buen tiempo. Castigamos nuestro cuerpo para poder llegar a la meta, competir y ganar. 

Así mismo nos exhorta la Palabra, que nos abstengamos de ciertos hábitos que no nos hacen bien en nuestro peregrinaje y que si no los dejamos, podemos manchar nuestro testimonio, el de la iglesia o ser de tropiezo a un nuevo creyente. 

Para concluir, yo, como atleta y cristiano, les exhorto a ustedes mis hermanos y amigos, que vean las olimpiadas, se las disfruten y vean el esfuerzo que cada atleta hace al competir. Tengan en cuenta sus victorias y sus derrotas, y aprendamos de ellas. 

Siente a los pequeños a verlas, para que creen interés por algún deporte en el cual quieran practicar y enséñeles a glorificar a Dios con el mismo.  

También, apoyen a los atletas que representan la nación de la cual usted es (¡Equipo PUR en mi caso!). 

Es más, tomen un día de estas olimpiadas, y reúnanse como hermanos en la fe en una casa o en el mismo templo, véanlas y disfrútenlas juntos. Y de esa manera nos gozamos de nuestro compañerismo en Cristo. También, oren por la vida de esos atletas y sus naciones. 

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